Viernes, 24 Mayo 2013
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RETABLILLOS DE LA CIENCIA

A mi hijo Ernesto Lowy Gallego que va para sabio y tanto me ha ayudado en la puesta en marcha de Ciencia Ambulante
La palabra “retablo” se utiliza para designar la tabla que se ponía sobre un altar y que representaba escenas religiosas. Después, el término “retablo” sirvió también para designar el teatro de títeres que protagonizaban artistas ambulantes que recorrían plazas y calles, moviendo muñecos mientras cantaban romances. Entroncando con esa tradición Miguel de Cervantes escribió dos piezas breves – El retablo de las maravillas y El retablo de Maese Pedro y Federico García Lorca el retablillo de don Cristóbal….

 

En la literatura, por otro lado, existen narraciones que tienen que ver con la ciencia. Galileo de Bertold Brecht, Copenhage de Michael Frayn con Bohr y Heisenberg como personajes, Calculus de Carl Djerassi sobre la polémica en la prioridad sobre el descubrimiento del análisis entre Newton y Leibnitz y las narraciones de Dova Sobel: Longitud y la hija de Galileo. Incluso rastreando en la historia se puede encontrar una novela de ciencia ficción del propio Kepler, Somnium.

 

Los Retablillos para la Ciencia escenifican algunos “momentos de descubrimiento”. El guión de cada uno es una narración que sitúa el entorno de descubrimiento salpicándolo de experimentos.

 

Se trata de responder a la pregunta ¿cómo se les ocurrió? Se buscan relaciones entre científicos aunque algunas veces fueran de amor y odio y que a veces, resultaron fructíferas. ¿Hubiera llegado Newton a la ley de inversa del cuadrado de la distancia que obliga a describir órbitas elípticas sin las primeras ideas de Hooke? ¿Hubiera llegado Maxwell, sin las ideas intuitivas de Faraday sobre las líneas de fuerza, a sus famosas cuatro ecuaciones?

 

En un cuento de Borges Pierre Menard trata de escribir de nuevo el Quijote, Borges afirma que tenía más merito porque lo hizo fuera de contexto. Hace años se pretendía que en la enseñanza de las ciencias los alumnos redescubrieran las cosas . Esta pretensión la mantienen, pienso que ingenuamente, muchos directores de centros interactivos de la ciencia y algunos profesores. Los alumnos o visitantes se convierten en “Pierres Menard” científicos que redescubren y reescriben los principia de Newton o la Electrodinámica de Maxwell pero fuera de contexto. En retablillos para la Ciencia se busca precisamente este contexto. Se presentan los conceptos y experimentos de la ciencia como lo haría un profesor de literatura. Este no pretendería que sus alumnos rescribieran el Quijote sino que analizándolo, leyendo fragmentos de él, relacionándolo con su época aprendieran a comprenderlo y disfrutarlo.

En el cada retablillo aparecen ilustraciones que tratan de dar idea de cómo fueron los aparatos de los experimentos originales. Los retablillos se puede imaginar que se hacen delante de los viejos aparatos de los antiguos museos de la Ciencia y Tecnología como el de Londres, el de Munich o el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de España.